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Pico del Lobo con luna llena (Riaza)

Nacho y Tatus en el Pico del Lobo

El motivo de este post, es el de explicar un experimento con las fotos nocturnas. Aprovechando que me fascina la naturaleza, y en especial la montaña, en un paseo nocturno por la montaña con mis amigos, subimos al Pico del Lobo (Riaza), y cuando llegamos arriba saqué mi cámara de foto, ya que llevaba 2 horas con 3 kilos en la espalda.

Llevaba en la mochila un trípode comprado en los chinos (barato, pero muy ligero), por lo que coloqué como pude el trípode justo arriba, en el vértice geodésico.

Cuando empecé sacando las fotos a la montaña, no había ningún problema, ya que utilizaba la técnica de exposición larga (mucho tiempo) con lo que conseguía capturar algo más que una mancha negra.

Mis primeras fotos fueron al valle, utilizando distintas exposiciones, unas fotos con la vista tal cual lo veíamos nosotros (en la que sólo se veían los pueblos iluminados) y otras con la exposición alta (en las que se veía el valle sutilmente).

Después de lanzar varias fotografías al campo, quise sacar una foto a mis amigos, pero me encontré con dos problemas:

  • Si lanzaba fotos a mis amigos necesitaba utilizar el flash, lo que significa que únicamente se iluminan los objetos que se encuentran a un máximo de 8 metros y el resto queda completamente oscuro.
  • Si lanzaba las fotos sin flash, se iluminaría el fondo con la luz natural, pero al tener que utilizar un tiempo elevado (30s), mis amigos no podían moverse lo más mínimo si querían salir en las fotos (cosa prácticamente imposible).

 

Una posible solución era lanzar una fotografía al fondo sin flash, y otra a mis amigos con flash y juntarlo con Photoshop, pero eso mismo lo podía hacer con el teléfono y evitarme subir peso, por lo que puse en práctica una técnica nueva para mí.

La idea era utilizar una exposición muy larga, y además el flash. Mi cámara lanza el flash justo al principio de la exposición, con lo que dibuja el primer plano en el principio de la exposición, y el fondo lo va guardando en los siguientes segundos.

Lo primero que hice, fue poner una apertura pequeña, para poder captar tanto los primeros planos como la imagen de fondo. El valor que seleccioné fue de 20.

Lo siguiente fue elevar el tiempo de exposición al máximo, que en mi cámara es de 30 s.

Realicé una toma para calcular la sensibilidad ISO, con lo que llegué a determinar que la adecuada en esta circunstancia era la de 800.

Como en todas las fotos tomadas con el trípode, desactivé el estabilizador, y puse el retraso de disparo de 2 segundos. El balance de blancos le puse en sombra.

La primera prueba no quedó como yo esperaba:

El espectro del Tatus en el Pico del Lobo
18mm, ISO 800, f/20, 30s

El efecto es curioso, pero no era la foto deseada. La explicación es sencilla, para que no quedase movido, le mandé apartarse de la escena justo después de saltar el flash.

Con lo que yo no contaba, era que su primera impresión del flash iba a quedar reflejada, y el resto del tiempo se iba a pintar el fondo, por lo que únicamente quedó el espectro.

Pues la solución que puse fue la de sacar la foto con el flash, y mandar a los modelos quedarse quietos durante 30 segundos, lo que resulta complicado después de 2 horas de ascenso, pero bueno, la paciencia es lo más importante. Después de muchos intentos, conseguí alguna fotografía un poco decente como esta (aún así tiene la silueta movida):

Nacho y Tatus en el Pico del Lobo
18mm, ISO 800, f/20, 30s

Por último, hay un detalle que es lo que hace más impresionante la fotografía, y es que con la exposición de 30 segundos, y el viento que corría en la montaña, crea el efecto de movimiento en las nubes.

Otro detalle a tener en cuenta: las luces del fondo es Madrid, a unos 90 kilómetros del lugar. El sitio es impresionante.

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